martes, 26 de abril de 2016

El abismo (ensayo)

“I have a strong urge to fly,
but I’ve got nowhere to fly to”
R. Waters
“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo.
Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”
F. Nietzsche

Capítulo I
… entonces pensaba en comenzar a escribir diciendo “pero no sé qué decir”. ¡Pero no podía! Habría atentado contra mí mismo, contra mi naturaleza de no andar dando 'peros' como una miserable excusa por cualquier inconformidad. Tampoco podría decir ‘no’, al menos no en la primera frase. Ni tampoco podía decid 'sé' porque después del no, suelen ser una pésima combinación, no hace falta sino mirar la introducción a la argumentación de grupos específicos que ahora no vienen al caso y como comienzan sus intervenciones con un dubitativo “no sé si está bien” o un “yo creo que…” del cual hasta yo he sido víctima. ¡Yo! ¿Pueden creerlo? En mi académica perfección he caído hasta los más profundos círculos del infierno argumental, dudando sobre lo que digo.
Yo no dudo, hablo con verdades, con máximas.
Y si están mal, pues ya están escritas. Y algún día se leerán con infinito fervor esas palabras tan ambiciosas, tan tercas y con ínfulas de superioridad, y entonces se encontrarán verdades ocultas en las páginas de volúmenes dedicados a verdades absolutas, más grandes que el universo, más extensas e infinitas que la biblioteca de babel. Más presumidas que Ícaro y más concretas que esta misma tinta con la que hoy escribo estos grafemas de tristes figuras.
Pero no, no sé ¿qué decir?
En realidad este es otro ensayo, de nuevo, uno libre, sin forma, como el agua. En el que trataré de encontrarme a mí mismo dentro del mierdero psíquico y emocional en el que estoy, sin salir de él, buscaré entre lo inerte las partes que se han caído y ahora se descomponen junto a las heridas que se bañan en sales y minerales malolientes. Para ver qué perdí, cómo quedé, quién soy ahora… pero más importante aún. Cómo salir de esta trinchera.
Los epígrafes son hermosos y desde que los conozco me he enamorado perdidamente de ellos, de su belleza, de su simpleza, de su resumido y a la vez pretensioso carácter.
“Enamorado perdidamente”.
¿Se dieron cuenta?
Maldita sea la hora en la que estas palabras van fluyendo de mis dedos pues los recuerdos se van colando through the tips of the fingers, pero esta es la idea en este momento, y así como alguna vez lo dejé claro en mi ensayo sobre la inconsistencia, soy un obsesivo declarado. Me enamoro perdidamente, locamente, de todo lo que me atrae. Entonces vivo de impulsos y de amores pasajeros y fútiles. Y no hablamos de mujeres acá. Porque no es lo único, hablo de pasiones, hablo de vicios, hablo de virtudes y hablo de costumbres: no existen. Son todos momenticos. Chiquitos. Chiquititos.
Y es que ese es el problema de ser un presunto artista, que uno termina pensando con el corazón cuando debe hacerlo con la cabeza. Al revés funciona de la misma manera. Presunto porque ni hay pruebas ni se ha demostrado lo contrario.
Primero lo primero, hablemos de los vicios. No tengo vicios, porque no me duran, simplemente me consumen y me dejan jadeante, cansado y arrepentido. Tengo males, muchos males, pero como gripas, como diarreas, como maricaditas que se van y llegan. Entonces no los tengo por mucho tiempo. A veces quiero creerme el putas, pero no paso de la primera sílaba. A veces quisiera ser alcohólico, pero me dura un mes la rutina y la plata. A veces quisiera ser drogadicto, pero me aburro con facilidad, y me distraigo mucho, y necesito eventualmente aterrizar. A veces me gusta dejar volar la imaginación en las cosas más soeces y desagradables, que harían sonrojar hasta al más depravado, o tal vez no; pero finalmente no duran mucho, las fantasías se desbarajustan solas y no queda sino una risa de ellas.
En otras ocasiones quisiera ser un jugador, pero la suerte me dura dos rondas de póker. O un abusador, o un violador, o un despiadado, o cualquiera por el estilo, pero no tengo ni el estilo ni la valentía de serlo. O la cobardía, ustedes juzguen.
Así que el único vicio que me queda es la pereza, pero la pereza qué tiene de malo si no daña a nadie, es el vicio más cercano a la virtud, incluso, con unos retoques en su editor de  imágenes de preferencia podría hacerse pasar por meditación, introspección, un trabajo espiritual que nadie puede entender, una iluminación que nadie puede alcanzar sino el perezo… el virtuoso. Los límites de esto son tan discutibles. La pereza suena a pecado, ¿Pero qué actividad que exalte o adormezca los sentidos no suena a pecado acaso? ¿La inactividad se convierte en qué? ¿En castigo del cuerpo o en ejercicio de la mente?
Ya volveremos a esto.
En segundo lugar, hablemos de las virtudes.
Punto.
En tercer lugar… no, no es que no las tenga. Es que me parece pretencioso y tal vez un poco pedante andar señalando mis virtudes, que en últimas no son la gran cosa. Tampoco dignas de menosprecio, pero no son la gran cosa, y el punto no se pierde si ellas se pierden. Así que dejémoslas entre líneas, a juicio del lector.
Así que como decía, en tercer lugar, hablemos de los momentos. De lo que los demás llamarían costumbres, o disciplinas. Tengo tres años para formarme en algo, ya que después de eso, tengo un problema biológico inmenso y es que mi cuerpo cambia completamente de células durante ese lapso de tiempo, y entre tres a cinco años yo ya no soy el mismo, y de pronto suena la alarma que puse hace cinco años y me digo a mí mismo “mucho gusto, Andrés Guerrero”. Ya me he consumido en ese periodo de tiempo, ya no soy ni volveré a ser como antes, y como dice la canción: “más viejo que ayer y más joven que mañana”. Y es que mi inconsistencia es biológica, y como acá en Colombia no hay carreras que duren tres años, ni cuatro como para tener un año de cortesía, ni a veces cinco. Entonces se dificulta cumplir ese tipo de plazos. Y el tiempo se me escurre entre los dedos, y luego me lamento, y luego el tiempo se me ríe en la cara con una máscara de lo que he dejado ir en ese momento.
Y de eso estoy hecho, ya ni sé de qué estaba hecho hace tres años, o cuatro… y medio. Ya he perdido perspectiva de lo que soy, de quién soy. Tendré entonces que preguntarme, cuándo. Y cuando no tiene respuesta más allá de ahora, soy lo que soy ahora, soy lo que quiero ser ahora, mediado por lo que puedo ser ahora, dividido por lo que quieren que sea ahora, multiplicado por las veces que he querido ser algunotracosa. Entonces soy un bollo de seres, un granfalloon de carne y hueso. Una masa la cual dijera Silvio no tendría cantera.
Y siendo tanto caos y tanto bodrio de bacterias y parásitos que se mueven en mi estómago y afectan mi digestión, mi temperamento y llegan al cerebro y me vuelven cuerdo. Aun siendo todo esto, decidí ser disciplinado para algo. Para alguien. Porque realmente no lo era. No era juicioso, no quería serlo, siempre quería más y más. Por más que quería me querían aún más, luego dejé de hacerlo y me convertí en un ente. Estancado, ahí... Como muerto. Como quien no quiere la cosa, pero se tapa los ojos, la nariz y las ojeras y simplemente obedece órdenes. Y la orden era de carácter romántico. Era la fidelidad. Y eso no existe, porque apenas yo crucé el umbral y decidí ajuiciarme, eso por lo que las mariposas revoloteaban con furia en mi estómago, decidió desjuiciarse también y el corrector me sugiere desquiciarse. Entonces comencé a escribir versos tristes, en algún patético me convertí, releo lo que escribió esa persona cuando éramos felices, o más o menos felices. Y sentía como mariposas lo que hoy sé que son lombrices.
El pasado pisado y es así de simple. Pero el paso cuesta trabajo y la suela se ensucia y el píe se agota.
Entonces fue la rutina…


Capitulo II
La rutina me mantiene vivo, en forma, me ayuda a pasar el tiempo y me ayuda para dormir. Me volví un esclavo de la rutina, pero un esclavo feliz, un esclavo servil y contento, orgulloso de su servidumbre.
La negación es inminente después de una desgracia, después de una crisis, la ira, el odio, todos esos pasos tan humanos y a la vez tan inhumanos, tan implantados, tan culturales y tan antinaturales. Porque todo eso es puro apego. Apego a las cosas que igual se van a ir. Todo se pierde, la ropa que visto ahora, el techo que me acobija y la cama sobre la que duermo. Todo debe volver al infinito continuum de la vida y la muerte. De la materia eterna y transformadora. Del agua.
Dejaré la doncella de una vez por toda en la orilla del río, y no cargaré ni con el recuerdo de su bella figura, ni me cansaré por llevar su peso. Simplemente si llego a mirar atrás sonreiré por haberme librado de esa carga, y por haber llevado el momento a su fin cuando fue debido.
Pero por ahora, tengo que agarrar el piso con fuerza, enterrar los dedos de los pies y resistir caerme. Porque de cierta forma quiero hacerlo, quiero caerme. Mantenerme en píe como un árbol, después de mil tormentas, incendios y talas. Y leeeentameeeeente, recuperar la postura, recuperar la cordura, sembrar raíces y recoger nutrientes, volver a poner duro el tronco y rica la sabia. Malpensados. Volver a botar semillas y esperar.
Lo difícil es no engañarse a uno mismo, ponerse una máscara de felicidad y llegar a dar clase, enamorarse de una estudiante, o dos, o tres. “Enamorarse” porque eso no es nada. Son caprichos. Porque realmente enamorarse va más allá de ese gusto tan instintivo y tan primordial, primate.
Y no quiero entregarme a mis instintos ahora, quiero ser consecuente con lo que siento, quiero verme a los ojos en el espejo y decir, “puta madre Andrés qué triste te ves, estás hecho una mierda,… pero linda barba ¿eh?”. Porque poco a poco, como la barba, esas raíces van creciendo de nuevo, y cuando vuelva a tomar fuerza, ¡Tente mundo! ¡Tente porque te vas a ir de p’atráj no joda!
Ya llegará el tiempo de afeitarse, de dejar de verse mal, de ser un poco más narcisista y más egoísta. Pero egoísta por algo, no por alimentar el ego, porque eso no pasa de ser una simple ilusión más, otra máscara. “El profe con el ego por el cielo” me dijeron hace poco, no sabían que tenía el ego por el piso y ni “el profe” me hacía sentir bien. ¿Pero y para qué lo querrían saber?
Así que es hora de escribir un nuevo capítulo, uno sin tanta rabia, sin tanta tristeza, sin tanto corazón. Con más cerebro, con más lógica y orden. Hay que dejar de ser un caos de letras y escribir una sobre otra, comenzar a escribir de corrido, en cuaderno ferrocarril, bien clarito, bien bonito. Entonces es hora de poner las últimas cartas sobre la mesa y ser claro jueputa. ¡Claro claro, como el agua!


Capítulo III
No, para mí no fue fácil dejar de ser prioridad de la persona que yo más amaba en el mundo. Mucho menos cuando decidí ponerla como máxima prioridad en mi lista y yo ni siquiera clasificaba dentro de la suya. Tampoco fue fácil, ni me enorgullezco de haberme puesto de rodillas, humillarme para sonsacar un poquito de amor es un error gigantesco. Sólo se logra lástima y sólo se logra poner más bajo en la lista, porque nadie quiere eso, nadie quiere llevar una carga a cuestas. Y es que en ese momento, ese momento era el peor momento de todos. Y nadie quiere, ni tiene por qué, cargar con alguien en su peor momento.
¿Pero hubiera sido lindo no crees? Haber sentido algo de apoyo. Pero nada, ya pasó, y pasó como pasó y ya. No hay culpables. Yo entiendo tus razones y no te culpo, a la vez yo entiendo lo que yo necesitaba y quería, y tampoco me culpo. Ya ni me arrepiento, eso fue lo correcto en ese momento.
En ese momento.
Porque ahora he pensado tantas cosas. Y ya sin ese velo de odio, ni de rencor, ni de sentimiento negativo alguno. De una forma un poco, al menos un poco, más objetiva, me he dado cuenta que simplemente perdí la pelea contra uno de los monstruos. Y estoy tratando de recuperarme para volver a la batalla y vencerlo. Ese monstruo era yo mismo. Era esa imagen débil de mi misma que dependía demasiado de los demás, de la aceptación de los demás, de la muerte de carácter.
Pero a la vez me doy cuenta de que aquello por lo que yo luchaba, ya se había esfumado hacía tiempo. Hacía uno, o dos años. Lo que yo amaba era el humo que subía moviéndose y disipándose por el viento hacia el cielo, señal ya débil de que en algún momento allí hubo fuego. Un fuego divino, pero que llegaría a su fin. Y así lo fue, al final ya ni las brasas quedaban, yo luchaba por las cenizas de lo que fue en algún momento ese sentimiento tan fuerte que tenías por mí. Llamémoslo amor.
Y tal vez ahora eras mejor, mayor, más y más. Entonces te bañaste las alas de libertad en cera y subiste por los cielos como el ídolo, mientras yo te gritaba desde la tierra, “no subas más, no me olvides”. Te olvidaste de donde venías, y sólo miraste para donde ibas, tú, sola, egoísta, altiva. Eso no es motivo de desdén, es de hecho algo mucho más complicado, porque te admiro por eso. Admiro esa ambición. Pero me duele que me hayas dejado atrás.
Aún no has caído, y espero que no lo hagas, espero que no vueles demasiado alto y se derritan esas alas, porque después de todo yo las construí para ti. Yo, tu Dédalo. Al verte volar, tan libre, tan feliz, tan poderosa, entonces yo decidí volar también, pero en otra dirección, lejos, lejos, hacia otros horizontes. Y quien sabe, el planeta tierra es una esfera, tal vez en alguno de nuestros vuelos nos encontremos de nuevo en otras latitudes, longitudes, alturas o profundidades. Pero por ahora. Sólo queda seguir aleteando. Y tal vez, tal vez, voltee a mirar de vez en cuando, sólo tal vez, para cerciorarme que tus alas siguen bien pegadas, a tus espaldas.


Capítulo IV
Este capítulo, que sirva como intermezzo antes de continuar. El quinto grado suele cargar la tensión. Mientras el segundo y el tercero suelen ser menores, tristes; el primero mayor, sublime, imperativo, radical, pero a la vez reconfortante, relajante. Al cuarto grado se le llama subdominante. Estamos planeando,  y podríamos subir o aterrizar, pero aún es incierto, esto es una subdominante.
Tengo muy cerca de mi corazón una canción llamada Of matter, que a la vez son tres canciones, casi como el dios católico. Proxy, Retrospect y Resist. En la primera, Proxy, el sujeto es imperfecto, está en crecimiento, está incompleto pero apunta a ser algo más. Mas tiene un modelo. Y ese modelo, está ahí, hasta que ya no está. Entonces el sujeto abre los ojos a una nueva realidad. Es casi como salir de la niñez. Es casi como volver a nacer. Es casi como si hubiera cumplido cuatro, o tal vez cinco años.
Luego en Retrospect, se crea una tensión dominante a lo largo de las líneas, el sujeto lucha, contra sí mismo contra la naturaleza externa, contra su propia naturaleza interna también. Siente la presión, y pareciera ceder ante ella. Se vuelve como una piedra, como una piedra oscura, siniestra. Pero tiene la esperanza de algún día ser visto, ser de nuevo valioso, tener control de nuevo. Entonces…
… sucede Resist, y el sujeto se da cuenta de todo el tiempo que perdió luchando en contra de sí mismo, en contra de su naturaleza inherente, en contra del tiempo. Está ya viejo y ve el pasado con nostalgia, pero por un instante. Porque ya está libre de todo, ya es libre de ser lo que quiera en vez de ser esclavo de aquello que no era, entonces se convierte en diamante. Llega a buenos términos con su propia alma, recordando como en su peor momento esperaba ser suficiente, ser algo, o tener algún valor para alguien. Pero no estaba listo, la capa que lo cubría era demasiado gruesa y sólo pudo descubrirse luego de mantenerse por años bajo esa presión. Resistió.


Capítulo V
El ser humano está lleno de contradicciones. ¡Boom! máxima. Es la exquisitez misma de su esencia ser así y a su vez no serlo. Estar de acuerdo y no estar de acuerdo. Estar y no estar en un mismo lugar.
Vi por demasiado tiempo a los ojos de la bestia y me rendí a sus pies, no pensaba que tuviera puntos débiles, él era un coloso. Simplemente no había apuntado mi espada sino a su armadura, y por lo tanto no había podido ver la carne débil, cubierta de un denso vello del cual podría haberme colgado para llegar hasta ahí, era una coartada. Luego clavé la espada y lo herí, pero se sacudió y me botó de su lomo. Luego volví a subir y clavé la espada de nuevo. Y murió.
Pero al morir, parte de sí escapó de ese moribundo y negro cuerpo, se metió en mi alma y se posesionó como una parte de mí, una parte oscura. Una falsa promesa que dejó en mí una semilla muy real, muy inmediata. Ese demonio aún vive dentro de mí y aún tengo que luchar contra él. He aquí mi primer contraataque.
Entre mis enamoramientos súbitos e incontrolables, encontré una figura de la cual enamorarme, una figura paterna, fuerte, que se suponía quería lo mejor para mí, sacando lo mejor de mí a cada instante. Yo también me entregué a esa imagen, fui su fiel servidor, sin dudar de él, sin cuestionar su actuar. Me dejé llevar cuesta abajo. Terminé siendo esclavo de sus caprichos y de sus mentiras, de sus faltas. De sus tantas y tantas mentiras e imperfecciones. Era una cascara. Muy gruesa, es cierto, muy resistente. Pero una cascara después de todo.
Esa cascara de carácter psicópata sólo encuentra placer al tener a todos bajo su control. Bajo ilusiones. Ilusiones de grandeza, de poder, de sabiduría. Un sage. Pero no. Es solo un bufón, un hablador de grandilocuencias, un megalómano, un lobo disfrazado de oveja.
Quitar el disfraz, o rasgarlo un poco fue la peor ofensa. Entonces decidió buscar la forma más apropiada de llevarme a mi punto más bajo. Movió piezas y finalmente me dejó sólo. Se llevó a mi reina y a mi alfil. Pero no ha ganado la partida. El tablero sigue abierto. Sólo necesito algo de tiempo.
Tiempo. En ese tiempo. En ese tiempo miré demasiado al abismo, y el abismo miró dentro de mí.
Pero no fui el único.
También tú, también tú miraste demasiado tiempo al abismo, y te convertiste en lo que más odiabas. Sin darte cuenta. Ahora eres otro peón más, uno a pocos cuadros de coronarse. De ser otra reina más en su tablero.
Lo cierto es que, en escala, finalmente, el abismo termina siendo demasiado grande, demasiado imponente como para luchar contra él. Y en ocasiones simplemente las piernas ceden y uno cae sin quererlo.
Sin tener la fuerza de siquiera aferrarse a esa orilla, escalar de nuevo, y no volver a mirar abajo, dar vuelta y comenzar de nuevo. Buscar otro camino. Tal vez no sea sencillo. Pero esa es mi decisión. 

jueves, 4 de febrero de 2016

A New Life

Los años pasan y, maldita sea, gracias por haberte acabado 2015! ya era hora. 

El 2016 ya lleva una doceava parte de su ser. Y ya está demostrando ser mejor que el 2015... aunque...

Este enero fue el peor mes que he tenido en toda mi vida. el más duro sin dudarlo. 

Pero lo importante de ahora, es redescubrir.

Redescubrir muchas cosas que se han perdido en el camino. Cosas que he olvidado sin y otras que he borrado por mano propia. Este año es el comienzo de una nueva vida. Todo cambia y no quiero ser una piedra en el río de la vida. 

El año pasado me sirvió para darme cuenta de la importancia de tener la gente correcta alrededor. Las decepciones comienzan con una etapa de negación de la cual es difícil concienciarse. A su vez, me di cuenta de la cantidad de errores que uno puede cometer y a lo que lo pueden llevar, pero también me di cuenta de que a veces no hace falta sino quedarse quieto para que toda la maquinaria fluya y se creen errores y problemas de la nada. 

es decir, pecar por omisión. 

Mentir, no es la gran cosa. Mentir es una cosa del día a día, inconsciente, divina, perfecta. Decidir mentir o no es algo irrelevante, pues las mentiras al final del día, pueden llegar a ser buenas de alguna retorcida manera que no va al caso ejemplificar. Sin embargo, el verdadero problema es ocultar las verdades. 

Esa pantalla de humo, esa incertidumbre, esa falta de decisión por un sí o un no. Es decir, si sí mentir o no mentir. En últimas la incapacidad de tomar esa decisión es la que lo lleva a uno a "dejar así" y esperar a ver qué sucede: a pecar por omisión. 

Y yo lo hice y me lo hicieron y por eso ahora soy medio experto en el tema. Lo hice porque dejé pasar muchas cosas, extradiégesis. me convertí en un mero observador, espectador de las decisiones de los demas, y cuando estaba a punto de actuar. Un sentimiento de impotencia me. de. te. ní. a.

Impotencia al cambio, esa característica hermosa de ser observador es la capacidad de predicción que conlleva. Es un regalo. Entonces, cuando uno se da cuenta que las cosas no van a cambiar, después de haber intentado mucho, aparecen dos opciones, o seguir intentando, o esperar a ver si las cosas cambian. 

Y no cambiaron. porque no hice nada. y eso podría considerarse un error. Pero. Hasta qué punto entonces debe uno luchar por cambios de los cuales no tiene forma de controlarlos? 

precisamente hasta ese punto, hasta el momento en el que uno se da cuenta de que no tiene control, ni influencia ni nada con respecto a la situación. Lo paradójico del asunto, es cómo finalmente uno es señalado como culpable de eso sin haber hecho nada. "dejó que la situación se lo llevara!" y si fue así... soy el único culpable? 

comod ije al comienzo, no quiero ser una piedra en el río de la vida, en el río del tiempo, no quiero que el agua pase y yo siga ESTANCADO en un hoyo profundo y an que no llega la luz. porque tal vez ese hoyo finalmente no es tan profundo y la luz juega con mis ojos, se ve tan lejana... tan ... distante. 

Por eso es la necesidad del redescubrimiento, de volver a nacer y de volver a experimentar otras cosas. Re-experimentar la soledad en este caso no es nada malo. Tiene sus desventajas, como todo. Pero el tiempo ya no se siente ajeno ni compartido. Por primera vez en mucho tiempo siento que el tiempo es mío. y es taaaan largo! y no es malo de nuevo.... es desconcertante, es difícil de entender que la soledad implica menos tiempo gastado en los demás, menos pensamientos gastados, menos dinero gastado, menos preocupaciones y más posibilidades. 

En últimas, es una forma de estar tranquilo bastante original. Que hace más de 6 años no probaba. 

y es que es en este momento cuando me doy cuenta todo lo que he cambiado en estos 6 años. No he madurado mucho, pero he cambiado, he pasado de ser alguien desesperado por compañia, triste y negativo. A quien soy ahora, una cantidad de habitos mucho más productivos que los viejos habitos. Más variados, más enriquecedores y más productivos. Es difícil de poner en palabras. pero hace 6 años todo se reducía a ser un músico frustrado y solitario desesperado.  

Ahora soy un profesor de inglés y de francés, estudiante de lenguas, músico por hobby (y muy feliz de serlo), artista marcial en crecimiento y solitario por decisión propia. 

Qué cantidad de cosas, en perspectiva!

Hace 6 años no era nadie, ahora soy mucho menos nadie que hace 6 años. 

y así seguira el crecimiento. Tal vez no en variedad, pues una variedad demasiado extensa, es contraproducente. pero sí en profundidad. quiero seguir enseñando, me encanta enseñar y lo haré hasta que me muera. Quiero aprender más lenguas, Mandarín por ahora, luego japonés, luego quién sabe! hay tantas lenguas para aprender... tantas cosas nuevas por probar. Quiero seguir tocando guitarra y hacer mi ruido, ese ruido que amo y que aprendí a odiar de alguna forma. pero que no! no puedo finalmente odiar. es un ruido necesario. Resultó gustandome mucho más de lo que jamás pensé el arte marcial, pero no soy esclavo de ella ni de nadie. Yo la volví servidora mía, porque me hace mejor de tantas formas, que no puedo parar, y no importa si nunca llego a ser cinta negra ni nada, porque realmente el crecimiento está dentro de mí, no alrededor de mis pantalones. Y ahora estoy solo porque decidí estarlo, porque como dice le viejodicho, es mejor estar solo que mal acompañado, y estar acompañado por una persona que ya no lo ama a uno... bueno, no hay mejor definición de eso. Pero está bien, es muy interesante redescubrirse soltero. aprovechar las ventajas de serlo, dejar de vivir junto a alguien. y vivir junto a uno mismo. 

y todo esto puede sonar como loser, "alguien que dice estar solo por decision propia es mentira" o "realmente no quiere estar solo".

y puede que sea así, finalmente quién quiere estar solo? 

pero en este momento, es lo correcto, es lo que debe suceder, es el siguiente paso. Aprender a estar solo es más difícil que aprender a estar acompañado, y sobre eso ya he tenido un tiempo para aprenderlo. 

Por último. Hay algo que no se puede decir pero es una gran tragedia, que pensé nunca viviría. y ahora que la estoy pasando en carne propia, no puedo organizar lo que se siente. Es algo infinitamente triste y a la vez positivo y que da paso al futuro... paradójicamente. Era algo tan hermoso, y que haya desaparecido y quedado en el recuerdo es tal vez lo más hermoso de todo, algo que no llegó a materializarse pero que quiso hacerlo! como si hubiera sido una prueba de fuego. Era una máxima demostración de amor y gracias a alineaciones cosmicas pasó y por decisiones humanas se detuvo. 

Y se siente un poder desolador. como una bomba atómica. como una responsabilidad demasiado grande como para contenerla, como una granada a punto de explotar en las manos.
mejor soltarla. 

dejarla ir. 

a morir. 



Es mejor seguir caminando. siempre. para siempre.











domingo, 14 de junio de 2015

Mamá gata y el gatito. 

- Preocupada, muy preocupada por la paciente doctora. ¿Qué hacemos con ella? 
- Por ahora, sólo podemos observarla. 

II. 

Elenita era una niña de ojos cafés y cabello rizado, con el cual todos los días jugueteaba a estirarlo y estirarlo, hasta dejarlo casi liso. Su madre la peinaba todavía, le hacía peinados típicos de niña pequeña, le daba comida típica de niña pequeña, la paladeaba y le compraba juguetes típicos para una niña pequeña. Como muestra de ello, una vez le compró un gatito. 

El gatito era hermoso. A diferencia de su pequeña dueña, él veía el mundo con ojos de inocencia, de eterna ignorancia, por lo tanto eran azules, y el gato, blanco como la nieve, un copo felino de suave pelaje, de patas rosadas y una cabecita pequeña, casi irreal. 

Desde que su madre le dio su gatito, todos los días jugaba con él, y como si de un amor eterno se tratara, le tomaba fotografias a su pequeño hijo ilegítimo con un celular de última tecnología que le había dado su madre. Además aparecía en este album de fotos virtual, una que otra selfie en la que Elenita sostenía al gato junto a su rostro, y entonces eran dos rostros de cachorritos y una ternura dulcísima, blandísima..... 

El gato un día, comenzó a sentirse mal, y Elenita, alarmada, se acercó a su mamá y le dijo:

- Mamá, algo anda mal con el gatito, no come, duerme mucho, y lo peor es que ya no juega conmigo - dijo mientras lagrimas caían por su angelical rostro. 

Su madre observó como la inocencia de su hija brotaba en cada lagrima que caía en el frío piso de su cocina. Pero la tranquilizó, se quito los guantes para lavar loza y llevó al gatito a  la doctora de gatitos. Elenita esperó ese día en su cuarto, sin salir a ningún lado, pero su impaciencia sólo la inquietaba y ponía a su imaginación a volar. Estará bien mi gatito? Qué tendrá? Seguramente en el hospital de gatitos harían todo lo que estaba en sus manos para curarlo. 

Y mientras miles de mundos imaginables pasaron frente a sus ojos, en todos ellos, viendo finalmente el glorioso regreso de su gatito, ella jugaba con un peluche. Este peluchito de colores rosas y celestes, con bigotes de nylon y cuerpo como de seda, tenía una pequeña abertura en un costado. Parecía que el desbordante amor de la pequeña Elenita, manifestado en abrazos y saltos hacía el infinito cielo, habían hecho que su peluche se abriera en un costado.

Pero ella seguía abrazandolo, y en su añoranza del gatito, ahora de visita en la veterinaria, solo podía contentarse al apretar el peluche duro, muy duro.... Hasta que, por entre sus lágrimas vio que el peluchito tenía el relleno por fuera. Su incontrolable imaginación puso la figura del gatito sobre aquella del peluchito y, con gran impresión, Elenita tiró violentamente al peluche en el que ahora veía a su gatito. El peluche se golpeó contra una pared y comenzó a sangrar. 

La pequeña niña, con su disfraz de doctora de peluchitos, intentó ayudarle, y mientras sus manos se llenaban de la oscura sangre roja de su peluchito, ella luchaba por meterle el relleno de nuevo a donde este debía estar, pero parecía que entre más hacía esto, más relleno y más sangre le salía. 

III. 
Cuando su madre llegó. Encontró a Elenita llorando al lado de una pared con el peluche frente a ella, con todo el relleno por fuera. Su madre pareció ignnorar esto y prosiguió a entregarle el gatito, ya recuperado, a su preocupada y pequeña dueña ¡Era increible que tanta preocupación cupiera en el cuerpo de una persona tan pequeña! Por eso cunado Elenita vio de nuevo a su gatito, se alegró mucho. Pero su madre, antes de entregarselo, le advirtió....Elenita, no puedes tratar al gatito como al resto de tus peluches. Pues enfermará de nuevo y no volverá. 

Elenita asintió mientras sonreía, extasiada por el regreso de su pequeño amigo felino. Entonces Elenita se juró a sí misma nunca más descuidar a su gatito, por el bien de él y por el bien aún mayor de ella. 

IV

- Doctora, qué cree usted que suceda con la paciente? - preguntó la enfermera mientras miraba a Elenita, la paciente de 49 años de edad, del cuarto 814 del ala occidental del hospital psiquiatrico Javeriano, quien llevaba internada allí desde su colapso, en su cumpleaños número 30. 

domingo, 31 de mayo de 2015

Lisa

Lisa, sé lo que necesitas

Esto es casi una canción de amor, pero sin música, no se te vaya a quedar grabada en la memoria para siempre. Sólo no olvides que fui yo el que la escribió, así el resto de tu vida sabrás qué sentía yo por ti, honesta y sinceramente.

Lisa, con tu sonrisa perfecta y tu boca inmaculada, tus ojos cafés profundos y tu alma extensa como un desierto, y así igualmente: caliente. Con todo eso te deseo... tu figura! reflejo de la finura de tu alma... pero qué!? eso no es todo lo que hay por ver

Y llámame perdedor o fracasado, ya no me importa. Eres una niña aunque tengas veintitantos. tú tez oscura: Pocahontas de ciudad, te dejan mal parada frente al cánon occidental, pero qué bueno! porque yo estoy igual. Sin embargo, tu ñoñez, tu intelectualismo incesante que no descansa, sí, no niego que me encanta, pero me aburre, y te aburre, y tu lo sabes mejor que nadie. Te aburre ser y parecer.

Intelectualoide: toca tu saxofón mientras yo imagino cómo tus labios se posan en esta boquilla. "Qué desagradable!" me dices y qué me importa ya, si nada puedes hacer para que me importe, no te esfuerces, no me digas cosas tan lindas porque me enamoro de tu odio y de pronto, Dios no lo quiera, me suicide de pasiones desbordadas y de sexuales deseos reprimidos en mi consciencia, porque en mi inconsciencia, aunque  no lo veas... yo siempre gano.

Lo que necesitas Lisa, María, heroína; es un regalo de 24...
...pulgadas, y no te distraigas con televisores mi niña, yo esos regalos no te los puedo dar!
pero si ya lo sabes! mi rabia se deshace en tus malditas ilusiones.

No te lo niego, te lo he declarado mil veces y una más no será molestia: Te deseo Roja y yo gris, deseo tu boca grandotota y tu tez canela y tu cuerpo de oscurito y diminutivo marfil.

Pero ya sueno a poeta , y la única poesía fue la que ya se me agotó porque ya te la di. Ahora no te ofrezco nada más allá de una recomendación, una sugerencia, un consejo... qué se yo!

Lisa, es que lo que tu necesitas no es amor, sino desatarte de tu vanidosa imagen de mujer intocable y dejarte ensuciar por alguien. Ya ni siquiera importa si  es por mí, pero sé libre carajo! que no hay nada más frustrante que ver esa mente, ese cuerpo...en ese estado.

Deja tus amarguras de lado, trágate el orgullo y de paso tu pudor. si no es que ya lo has hecho y yo, muy ignorante no he visto nada! entonces esto ya no tendría ningún sentido. Pero qué va! no se puede vivir buscándole significado a todo. Hoy abandono el mal académico de explicar el mundo en el que yo vivo, mientras tu te revuelcas conmigo en uno de mis sueños más bonitos.

Y como dijo Silva, todo lo que eres, (todo eso que me encanta) madrigal, roja mía:  tu voz, tus ademanes, tú... no te asombre: todo eso está, y a gritos, pidiendo un hombre.

domingo, 17 de mayo de 2015

algunas reflexiones recientes...

... Llegaron entonces un día, escasos dineros. De esos que llegan y se van en un día, como todos los dineros.

Mientras en la TV presentaban una película del Quijote: un popurrí de varias películas, de varios países. La locura del Quijote se había apoderado de la mano de mi madre y decidió salir a gastar dinero que no tenía. Como la brisa de la noche era tan fría, decidió no salir sola, no fuera que el viento se le llevara, billete por billete, su dinero volando.

Luego, en el popurrí, aparece cantinflas, héroe de mi niñez y de mis convencionales, conservadores y uribistas abuelos. No es culpa de ellos. Un hombre del pueblo, como lo soy yo ahora, sale del brazo de su madre y su media-hermana: Mujer ajena a toda responsabilidad familiar, admirable por su falta de serenidad y de paciencia... tan conectada con el mundo y los demás, que su amor, a veces, traspasaba las más convencionales barreras, y se dejaba ir.

Pero volvamos en el tiempo:

Salíamos uno de cada lado de la madre, yo a la izquierda, ella a la derecha. Por supuesto, mi madre al centro y llevando el paso lento y cansado por más de 25 años de miserable trabajo, con miles de estudiantes y un jefe ejemplar, un gran y británico hombre de cara roja y dientes salidos.

25 años podrían no sonar como mucho, pero de hecho, en un mismo lugar, inmovil, viendo pasar los años desde una pecera... Los tiempos iban cambiando y mi mamá se resistía a estos cambios. Entonces ella disimulaba yendo con las modas que iban y venían con los años, y se operó las tetas, se compró ropa y cambiaba de novio, cada vez era uno más joven, como para no quedarse atrás.

En el popurrí, mostraban a Terry Gilliam dirigiendo la película del Quijote que nunca terminó, en una escena latigaban a un esclavo. Mientras tanto ibamos caminando, bajando la 49, hacia el occidente. Y mi madre nos contaba una triste historia de una trabajadora, ex compañera mía, quien estaba siendo abusada en el trabajo.

No se lo merecía.

Nadie se lo merece, o bueno, tal vez uno que otro. Pero los demás simplemente dejan que las cosas pasen. Y nada más pasa. Ella se va, renuncia.

Y es más inteligente que todos! al dejarlo todo botado, tiene más pantalones que cualquier hombre, y es más guerrera que cien mil Quijotes.

¨Pero no es mi mamá, aunque desearía que lo fuera: es tan joven y bella. El tiempo no le pasa y  tiene el físico y porte de la heroína romántica ya hecha vampira. Algún tiempo atrás llegó a ser mi heroína, la blanca, la droga.

Finalmente, finalmente... mujer, ponte los pantalones y extiende tus alas, debajo tuyo se hunden naciones enteras en terremotos y guerras, y lo único que queda es tu vuelo altivo e imposible. Sé más que cualquiera, sé libre... y monta tu propia empresa.

¿Qué razones tengo para no ocultar este deseo que me atormenta en la noche con pesadillas nucleares y en el día con vívidos sueños que se cuelan entre las grietas de las barreras físicas o imaginables que mantienen los sueños al margen?

Doy pasos hacia adelante, pero por cada paso que doy, soy otro. Hoy no tuve tiempo de darme cuenta de mis errores, pues ya no los veo, estoy en la negación de un futuro cierto, comprobado por mí: propio. Acepto mi culpa vil. Vil culpa! pero qué más da si esto es sólo otro paso más hacia el cielo...

Cuándo llegue veré los ángeles y me les haré encima, veré a dios y llenaré de graffittis las paredes de su transparente e inexistente templo. Aunque la nada es lo único realmente infinito, cuando llegue al cielo, en un avión con motor Honda, me tiraré sin paracaídas y sin esperar que ningún dios, ángel, demonio o paria me reciba.

La mente no se aclara, ni en caída libre por la nada. Entonces me regaño: Andrés Felipe Guerrero ¿qué has hecho? y responderé: "todo lo que quería".

Mi otro yo, severo, trata de cambiar su rostro de sorpresa por una mirada compasiva, como si él mismo no fuera prisionero del tiempo y no fuera a cometer el mismo crimen por el que ahora me condeno.

Dos pecados grandes he cometido, pero la hoja no es confesionario ni la tinta es sacristán. Aún así he de pedir perdón por uno nuevo, el pecado de la premonición que de los griegos ciegos heredo.

Mi destino no está escrito. Escrito está en humo: desde mi balcón lo veo. ella está con los otros a quienes no temo, pero tampoco abrazo ofrezco. Está vestida para la ocasión fría, es una delicia: sabores acaramelados más una que otra almendra, jalea de miel, equilibrada con especias, una contradicción que como la escarcha, en mis labios se pega. Y yo simplemente ya nada quisiera, ya no quiero poner nada en ella, ni una pizca de fé. Ella tiene nombre, pero yo le digo Fea.

III

                    Ahora,
                    ¿A dónde
                    ir?

               si de cabeza
               vuelvo a subir.
               No me sigas

          pues devine serpiente
          ya no soy el de siempre
          ¡Un grito ensordece!

     Silencio, silencio...shh...silencio.
     acá viene de nuevo el rito
     y devengo viejo.

II

máscara del tiempo
quítate de en medio
salva mi vida.

     De escalón en escalón desciendo,
     apuntando, de frente, al infierno
     no tengas miedo.

          Descargo la felicidad y la íra
          en sueños humedos de infiel naturaleza
          tu mano... ¡Estira!

               De repente sucede lo que siempre,
               la muerte ébria discute en la noche
               elocuente...

                    ... y mientras el último escalón dibujo
                    el bajo sonido del ronco y mudo, mudo
                    de piel y ahora devengo serpiente.